Dos almas solitarias se cruzaron en un momento donde el mundo era un caos, las personas alucinaban y los árboles estaban secos.
Ella era una amante apasionada, el era un bohemio misterioso. Cuando sus miradas se cruzaron, fue como si dos cuerpos galácticos hubieran chocado en el cosmos, provocando una reacción en cadena sobre la tierra. Ellos no se percataron de tal suceso; sus pensamientos estaban sincronizados, el ruido exterior no importaba.
Ella lo miraba con pasión, el la miraba con locura.
Ella quería tocarlo, el se resistía.
El quería decirle tanto, ella no escuchaba.
El podía construirle castillos de papel con solo pensarlo, ella podía darle forma a las palabras y crearle historias fantásticas.
Ella era ansiosa, no le gustaba esperar, el era inseguro, no quería lastimarla.
Ella hacia que el sintiera cosas inexplicables con su sola presencia, el le provocaba reacciones químicas imparables.
Ella quería ser luz para cubrirlo, el quería dibujarla en las sombras.
El se perdía al verla a los ojos, ella quería fundirse en el.
Ella sentía que su cabeza pronto iba a explotar, la imagen de el estaba tatuada en su cerebro y ella no podía hacer nada para borrarla.
Cada vez que ella lo veía, no sabia que hacer, abrazarlo, tocarlo, acariciarlo, besarlo, solo sabia que quería estar lo mas cerca posible y así poder sentirlo parte de si.
El se rehusaba a aceptar esa pasión, el no quería sufrir, no quería hacerla sufrir, no quería perderla, sus pensamientos eran un total caos, el quería vivir mecánicamente, ella no lo iba a dejar, el se mostraba perdido, ella lo iba a rescatar.
La historia que ellos crearían, seria la historia más inverosímil que el ser humano pudiera pensar, la química que existía entre ellos era la más pura que el universo pudiera concebir, el amor que se tenían era tan fuerte, pero a la vez tan débil.
Todo eso pasó en un instante, la historia termino allí mismo.

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